martes, 9 de abril de 2013

Antecedentes históricos de Tres Reinos

Hola a todos de nuevo!!

Ayer en twitter @sesgaomega me dijo que tenía ya ganas de ver en lo que estamos trabajando.
Así que, como agradecimiento al interés, hoy queremos publicar las antecedentes históricos que usaremos de base. Se trata de la historia de los emperadores anteriores al momento en el cual vamos a ambientar nuestro proyecto, que es el 185 dC, justo después de la Rebelión de los turbantes amarillos.

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¿Así que deseas saber como hemos llegado a la situación actual? Y además, quieres saber la historia real, las verdaderas raíces de que estemos inmersos en tan turbulentos tiempos. Pues has hecho bien en acudir a mí, que he vivido mucho y he visto como se plantaba el germen del desastre en el fin de este ciclo que toca a su fin, como cada sesenta años. Siéntate y ponte cómodo, porque es una larga historia...
Hace ya muchos años, el Emperador He tuvo que intermediar en un conflicto entre el clan de su esposa la Emperatriz Deng y los eunucos que asistían en tareas oficiales, que cada vez estaban ganando más poder. Cuando murió, el conflicto se reavivó cuando la Emperatriz se nombró Regente y, de los dos posibles herederos eligió al más joven, un príncipe de apenas tres meses, pues su hermanastro mayor era un niño enfermizo.

Emperatriz Deng

Ah, la Emperatriz Deng, que mujer...Posiblemente, el último gobernante digno de nuestro gran Imperio. Una mujer culta, letrada, que a muy corta edad se dice que ya leía textos antiguos y recitaba grandes clásicos de la poesía y literatura. Trató de renovar el Estado, eliminando corruptos, cortando prácticas de dudosa moralidad, y gestionando de forma hábil y diligente los asuntos de Estado.
Posiblemente, fue la última esperanza de salvación que tuvimos. Pero nadie está libre de errar, y más cuando entran en juego el destino y las fuerzas de la naturaleza. La Emperatriz apostó por un príncipe del que no se sabía nada, como saberlo si apenas era un bebe, sobre otro príncipe del que lo poco que se sabía era su tendencia a enfermar y su debilidad. Pues el destino quiso jugarla una mala pasada, y como nos enseñan los sabios todo cambia, así que las tornas se invirtieron y finalmente fue el príncipe coronado Emperador Shang quien murió siendo sólo un niño, y el Príncipe Sheng había recuperado la salud. Esta situación generó un nuevo conflicto interno en el Palacio Imperial, puesto que la Emperatriz Deng sabía que el Príncipe Sheng estaría en su contra por no haberle proclamado emperador la primera vez, así que nombró a un primo del príncipe como Emperador An.
A partir de ese momento, la Emperatriz, nuestro último gobernante capaz, lucho contra la corrupción de los eunucos, de los oficiales, e incluso de sus propios familiares cuando era necesario. Lidió con éxito contra catástrofes naturales como inundaciones, sequías o tifones; y con otras más humanas como varias rebeliones y un código penal anticuado y desfasado. Pese a todas estas dificultades, fueron buenos tiempos, en los que un ciudadano tenía la seguridad de esperar una solución si se producía un problema.
El tiempo pasó, buenos tiempos en los que China avanzaba y nadie dudaba que nuestro gobernante contaba con el Mandato del Cielo, y la Emperatriz cada vez tenía un control más férreo sobre el poder. Esta situación provocó que las personas de confianza del Emperador An comenzaran a tejer sus redes de influencia para que, cuando la Emperatriz fallecería, atrapar la mayor porción posible del poder que dejara libre. Y llegada la muerte de la Emperatriz, casi veinte años después, el plan comenzó a ponerse en marcha

Emperador An

Tras la muerte de la Emperatriz, el Emperador An fue convencido por su entorno de la existencia de un complot para despojarle de su derecho a gobernar, basado en su gran afición a la bebida y las mujeres. El Emperador confió en su entorno y en las pruebas que le presentaron, lo que provocó que todos los miembros de clan Deng, clan de la fallecida Emperatriz, fueran exiliados u obligados a suicidarse. A partir de aquí, nuestros gobiernos sólo fueron a peor, y el Mandato del Cielo parece que no volvió a tener un dueño digno.
El Emperador An, ahora señor de nombre del poder en Palacio, trató de continuar el camino que había marcado la anterior emperatriz. Sin embargo, ya era demasiado tarde y su entorno había preparado demasiado bien el cerco, por lo que sus intentos de hacer algo bueno fueron diluyéndose poco a poco. Los nuevos señores reales del poder, varios eunucos de confianza y el clan Song de la abuela paterna del Emperador, extendieron la corrupción amparados en la confianza de éste, que ignoraba cualquier crítica.
Varias fueron las intrigas de esta época. La más importante provocó que el Emperador An revocara el derecho a heredar del Príncipe Bao, debido a mentiras orquestadas por varios eunucos en colaboración con la Emperatriz Yan, la cual odiaba al Príncipe Heredero pues era hijo de una consorte y no suyo. También hubo varias revueltas que no pudieron ser manejadas de forma eficiente y perduraron durante todo el reinado, perdiendo varios territorios en casi todas las fronteras.
Y como no podía ser de otra manera, ante semejante ineptitud del Emperador, más aficionado a la bebida y los placeres carnales que a velar por su pueblo, y la corrupción de los oficiales y consejeros que le servían, el Mandato del Cielo ejerció su justicia. Y no fue carente de ironía.
Porque como todos sabemos, la vida es un ciclo que va y vienen, un cambio constante. Y lo que un día vive, otro muere. El Emperador An se encontraba de viaje en Wangchen, pero como antaño le sucediera siendo apenas un niño, enfermó repentinamente y quiso volver a Luoyang, la capital. Pero no llego a tiempo, y falleció en el trayecto, mostrando de nuevo como un gobernante que no merece estar en el poder, finalmente recibe el juicio del Mandato del Cielo.

Emperador Shun

Como no podía ser de otra manera en estos tiempos de oscuridad y corrupción, la ascensión al poder de este emperador fue violenta. Inicialmente desposeído del derecho a heredar el trono de su padre en favor de Liú Yi (劉懿), Marqués de BeiXiang. Sin embargo, éste murió poco después ese mismo año y el eunuco Sun Cheng, leal al Príncipe Bao, organizó un golpe de estado que puso en el poder al Emperador Shun.
En los primeros años de reinado, se esperó que este emperador acabara con la perversa corrupción que se había adueñado de las estructuras de poder. Sin embargo, el Emperador poseía una virtud que, en según que casos y dependiendo del fin, debe considerarse una debilidad: tenía un tan gran corazón que fue incapaz de realizar una purga de corruptos, y era tan querido por el pueblo que la corrupción comenzó a ser ignorada. Y así, con la complacencia del pueblo al tener un gobernante querido y su buen corazón, la corrupción continuó extendiéndose.
Y así, pasados los primeros, llegamos a un hecho que mostraría el nivel de gestión del Emperador: quería decidir la futura emperatriz con el juego de “la pajita más corta”. ¡Quería echarlo a suerte! Menos mal que sus consejeros lo disuadieron, finalmente eligiendo a una consorte que consideraba virtuosa y racional, Liang Na. Su padre recibió un cargo y títulos honoríficos, que pronto fueron aumentando.
Y como muchas veces, pequeños gestos que parecen no tener importancia, acaban siendo terriblemente importantes en el futuro.
Por ejemplo, el nombramiento de Liang Shang, padre de la Emperatriz, que llegó a ser comandante de las fuerzas armadas y, por tanto, la persona con mayor poder militar en toda China. Nombrado por su carácter amable y por su familia, llegó a interceder para perdonar la vida a un grupo de eunucos que conspiró contra el Emperador. Y es que esta permisividad tendría como consecuencia final que el cargo del padre, a su muerte, fuera heredado por su hijo, Liang Ji, corrupto, violento y ambicioso, y que en última instancia sería un pésimo consejero para su hermana como Emperatriz Regente Liang a la muerte del Emperador.
El segundo detalle, aparentemente sin importancia aparente, pero que tendría terribles consecuencias posteriores, fue permitir que los hijos adoptivos de un eunuco pudieran ser nombrados herederos de los territorios que sus padres, práctica prohibida desde tiempo inmemorial para evitar dinastías corruptas que provocaran un mal endémico en las estructuras de poder.
Detalles, jovencito, detalles...pero detalles que tuvieron consecuencias en épocas posteriores porque siempre debemos recordar, un gran desprendimiento empieza con la primera piedra que cae...

Emperador Chong

Apenas un bebe de un año de edad cuando su padre murió, unos pocos meses después de nombrarle heredero. Evidentemente, un bebé no puede gobernar, y esa tarea recayó en la Emperatriz Regente Liang.
Una mujer de buen corazón, diligente en sus tareas y con mente abierta a encontrar soluciones a los problemas. Todo parecía indicar que algo bueno podía salir de este gobierno, pero como tantas y tantas veces, los gobernantes no fueron dignos de esa confianza.
Liang Ji, hermano de la Emperatriz, no sólo había conseguido poder absoluto en la Corte Imperial y era el oficial más poderoso de toda la Administración, gracias al legado heredado de su padre, si no que contaba con la total confianza de la Emperatriz.
Instigó terribles medidas y decisiones que hicieron sufrir al pueblo, y las revueltas agrícolas que se produjeron durante el gobierno del anterior emperador se recrudecieron en este periodo, sin ser posible controlarlas completamente. Estos eventos provocaron que algunos oficiales importantes presentaran mociones para limitar el poder de Liang Ji, mociones que sólo sirvieron para acabar con sus carreras y casi con sus vidas, pues inmediatamente eran acusados de terribles crímenes como traición, o corrupción.
Poco duró el reinado de este Emperador, puesto que con apenas tres años falleció. La Emperatriz pretendió mantenerlo en secreto pero finalmente hizo caso de algunos oficiales e hizo pública la muerte del Emperador. A la hora de elegir un nuevo emperador tuvo varias opciones, una de las cuales se trataba de un joven correcto y educado, bien formado, de reputación intachable y querido por altos cargos de palacio...pero finalmente, nuevamente por influencia de Liang Ji, el elegido fue un muchacho de siete años, obviamente más manejable y que también necesitaría una regencia, que Liang Ji tenía intención de controlar totalmente.

Emperador Zhi

Apenas un pequeño de siete años cuando ascendió al trono, de nuevo la Regente Liang demostró que estaba bien capacitada...pero su buen corazón y confianza en la persona equivocada lastró el gobierno del reino. Pese a eso, pudo sofocar buena parte de las revueltas agrarias que se produjeron gracias a que el gran poder que ostentaba Liang Ji propició que algunas tareas que consideraba no podrían afectar a su base de poder fueran derivadas a oficiales que las cumplieron de forma efectiva.
Pero la inocencia de un niño, y permisividad de la Regente, obraron el desastre. Sabiendo el Emperador el gran poder e influencia de Liang Ji, y su abuso de poder, públicamente lo tildó de general arrogante e indigno, lo que inmediatamente provocó que desatara su ira.
Poco tiempo después el Emperador Zhi fue envenenado, y cualquier ayuda que pudiera haberle salvado la vida fue bloqueada, sin piedad alguna, por Liang Ji, consumando la muerte del emperador que había osado faltarle al respeto.
Para buscar un nuevo emperador, Liang Ji, sufrió las presiones de todos los altos oficiales de la administración. Pese a que nuevamente los oficiales estaban totalmente a favor del mismo candidato que cuando fue coronado el ahora difunto emperador, nuevamente Liang Ji consiguió que la Emperatriz Regente nombrara a su favorito, el joven de catorce años Liu Zhi (劉志), coronado como Emperador Huan.

Emperador Huan

Apenas un niño de catorce años cuando accedió al poder, prometido con la hermana de la Emperatriz. Liang Ji presionó para poder luego manipularlo, es decir, para poder usarlo de marioneta. Sin embargo, aunque el clan Liang parecía haberlo conseguido, pero poco a poco el Emperador Huan fue apoyando sus decisiones en los eunucos, que progresivamente fueron cimentando una fuerte base de poder que provocaría cada vez más enfrentamientos con oficiales influyentes.
La conducta de Liang Ji era cada vez más autoritaria y violenta, tratando de amedrantar a todo el que se le oponía con amenazas, muy reales, de muerte. La escalada de poder de los eunucos provocó que reaccionara, como era su costumbre...con violencia. Ideó un complicado plan mediante el cual adoptó como hija a una prima de su mujer, para darle su apellido, y la entregó como consorte con la esperanza de que fuera convertida en Emperatriz, mientras que preparaba el asesinato de la madre del Emperador Huan.
Pero el asesinato fracasó y al enterarse el Emperador, preparó un plan junto con varios eunucos y su madre para derrocarlo. Ante la intuición de Liang Ji de que algo se estaba preparando, el plan se ejecutó rápidamente, el Emperador reclamó el poder que ostentaba Liang Ji y fue hecho preso...pero se suicidó antes de ser apresado. Fue un momento de celebración para el pueblo, que pensaba haberse librado de un opresor...Ingenuo, como siempre, el pueblo, pues el Mandato del Cielo seguía sin tener un interlocutor digno en el poder.
Porque una vez liberado de una figura tan opresora, se descubrió que el propio Emperador Huan era muy dado a la corrupción, intolerante ante cualquier crítica y terriblemente rencoroso. Casado finalmente con la hija adoptiva de Liang Ji, la obligó a cambiarse el nombre para no tener que escucharlo más.
El resto de su reinado se vio sembrado de conflictos entre oficiales y eunucos, que provocaban que con cada nueva derrota los segundos se hicieran aún más poderosos. También estuvo plagada de conflictos con su mujer, de la que no soportaba el nombre Liang y la obligó a cambiárselo, para acabar divorciándose de ella y mandándola a morir a prisión por sus disputas con su consorte favorita y tomando una nueva Emperatriz, Dou Miao.
El último gran evento durante su reinado fue una terrible revuelta estudiantil surgida en la Universidad Imperial, que comenzó con la detención de un vidente y acabó con revueltas en las que cientos de estudiantes acabaron en la cárcel. Cuando un año después recuperaron la libertad, se habían dejado en el camino todos sus derechos ciudadanos.
Poco después el Emperador murió sin hijos. En una explosión de celos de la Emperatriz Dou, ésta mató a la consorte favorita del fallecido Emperador...otra distinta de la que provocó los conflictos con la anterior esposa. Tras ésto, convocó a toda la Familia Imperial, que en conjunto decidió nombrar al joven Liu Hong (劉宏), Marqués de Jieduting, Emperador Ling.

Emperador Ling

¿Alguien podría esperar que un joven de once años tuviera la capacidad para poner orden en un gobierno que acaba de deponer a una de las figuras que más poder había acumulado en los tiempos recientes? Obviamente, cualquiera que responda que sí, dejaría el nivel de ingenuo muy lejos.
Estamos ya casi al final del viaje, y en este momento se plantaron las semillas de algunos de los desastres que estamos sufriendo.
Los primeros años de reinado ya estuvieron marcados con baños de sangre, y es que el padre de la Emperatriz, Dou Wu, y su hombre de confianza el erudito Chen Fan, prepararon un plan para exterminar a todos los eunucos poderosos. Sí, exterminar. Y sí, a todos los poderosos. Pero viendo el poder que estaban ganando ambos, los eunucos habían ganado la simpatía de la Emperatriz, que se opuso al plan. Y el contraataque de los eunucos no se hizo esperar: secuestraron tanto al Emperador como a la Emperatriz, y dictaron órdenes para ejecutar a los oficiales que apoyaban a ambos. Después, atacaron a Dou y Chen, que murieron, para luego ejecutar casi por completo a la familia Dou.
Los eunucos ganaban cada vez más poder, abusando impunemente de él en aberrantes comportamientos: se inventaban complots contra el Emperador para poder atacar a grupos que podrían plantarles cara, como los oficiales eruditos y los estudiantes que los apoyaban; apresando a miles de personas por actos vandálicos durante ceremonias con las que no estaban de acuerdo; e inventando traiciones contra figuras de poder de la corte, como el hermano del Emperador acusado de traición y forzado al suicidio, e incluso la esposa del Emperador, la Emperatriz Song, acusada de brujería y que moriría de desesperación en la cárcel al ver a toda su familia ejecutada.
Los años siguientes pusieron las semillas de las que brotarían las futuras rebeliones agrícolas que sacudirían China. El Emperador se aficionó a construir increíbles jardines y financiarlos mediante tributos de las comanderías y provincias. Este hecho, sumado a la costumbre de vender puestos oficiales y cargos administrativos, provocaría un aumento progresivo e imparable de la corrupción.

Rebelión de los Turbantes Amarillos

Y es en este momento cuando el Mandato del Cielo decidió que era el momento de sacudir a los gobernantes corruptos que estaban aplastando al pueblo.
En la provincia de Ji surgió una secta taoísta liderada por un sacerdote que aseguraba tener poderes milagrosos, Zhang Jiao. Teniendo en cuenta las connotaciones religiosas del calendario, que coincidían con un supuesto cambio de ciclo, llegó a preparar una rebelión contra el régimen corrupto que se infiltraba hasta la propia capital, Luoyang.
Pero llegado el momento, el organizador en la capital fue capturado y ejecutado, y este hecho obligó a precipitar la rebelión, que recibió su nombre por la prenda que eligieron los participantes para identificarse. Y éste rebelión tuvo un apoyo masivo, provocando que en muy poco tiempo el pueblo se hubiera alzado en muchas regiones y Zhang Jiao controló grandes territorios.
El Emperador tuvo que asignar a varios comandantes militares para combatir la revuelta, cobrándose un alto precio la victoria militar. Grandes figuras surgieron de estas luchas, así como la fama de las tropas de la provincia de Liang, acostumbradas a sofocar este tipo de revueltas y que ganaron tal reconocimiento que adquirieron un halo de superioridad manifiesta respecto a otros destacamentos.
Sin embargo, en muchos lugares ya se habían formado grupos armados para luchar contra los rebeldes, y algunos de los cuales sobrevivieron al no poder las tropas imperiales subyugarlas de nuevo y reinstaurar la autoridad del Emperador. A este hecho, debemos añadir que algunos generales no disolvieron la milicia que tenían a su cargo, instaurando sus propios feudos y comenzando a acumular poder para sí mismos.
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Muchas gracias a todos por vuestra atención!
Cualquier comentario que queráis hacer, será siempre bienvenido.

Alejandro
Fundador de RolHypnos

2 comentarios:

Sesga dijo...

Simplemente acojonante. Me interesa mucho. Me voy a poner a estudiarme bien lo que has publicado porque quiero darle difusión por mi lado. Tengo lista la entrada de mi blog para mañana.

Por otro lado, es un honor recibir semejante regalazo por tu parte (la entrada es cojonuda y bien detallada). Muchas gracias!

Alejandro Angel dijo...

Te puedo asegurar, de corazón, que no hay mayor regalo que comentarios como el tuyo.
Gracias :)