viernes, 11 de noviembre de 2011

Actualización semanal: Viernes 11/11, Xū Hào


Hola a todos de nuevo!!

Pues aquí estoy con una nueva actualización, cada día va quedando menos. Lo que me extraña, y me hace sentir un poco ignorado (empiezo a pensar que nadie me lee, o al menos casi nadie, que no me extrañaría) es que después de colgar la historia de los personajes, y sus consejos de interpretación...¡¡¡nadie pregunta por su descripción y apariencia!!!

Y mi pregunta es...¿hasta ese punto y nivel hemos llegado en el rol, que nos da igual la apariencia de los personajes?
Un, dos, tres...responda otra vez!!!!

¡¡¡Os dejo con la versión revisada de Xū Hào!!!

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Historia
Xū Hào es el nombre falso por el que en realidad se conoce a Wáng Mìng, puesto que usurpó esa identidad por causas de fuerza mayor, según él.
Wáng Mìng nació en una familia pobre en los suburbios de Xinzhou, capital de su provincia homónima. Xinzhou era una provincia moderadamente rica, pero muy desigualmente distribuida incluso para una sociedad de clases sociales tan fuertemente marcadas. Y la familia Wang, estaba en lo más bajo de la escala.
Su familia era muy pobre, su padre trabajaba en los arrozales y su madre cosiendo en un taller textil. Él era el segundo hijo de la familia, tenía un hermano mayor y una hermana menor. De pequeño consiguió sobrevivir a duras penas, con la escasa comida que entraba en casa y la que conseguía merodeando por los alrededores, casi peleando con otros niños por conseguir algunas miserias que compartir con su familia.
Pero eso se acabó en cuanto tuvo edad para correr y escurrirse, a los 10 años. Al cumplir esa edad, su hermano dijo que el regalo que le iba a hacer dependía de si ya se había hecho un hombre capaz de competir con él, pese a que le sacara casi dos años de edad. Wáng Mìng aceptó el desafío de Wáng Xún, su hermano mayor. Se trataba de una carrera, por una calle transitada, en la cual ganaba el que primero la cruzara. Parecía fácil, y Wáng Mìng confiaba en que era más pequeño que su hermano para tener ventaja. Aceptó el desafío, y corrió.

Y fue distinto de lo que esperaba. Habitualmente le era fácil escurrirse entre las personas en una calle atestada, incluso andando relativamente rápido. Pero corriendo era muchísimo más difícil, y no sólo por la dificultad añadida de la necesidad de reaccionar antes para evitar los obstáculos, también se hacía mucho más complicado controlar con precisión los giros, cambios y movimientos necesarios para cruza la marabunta de personas que circulaban por la calle comercial. Casi se había dado por vencido, pero entonces le pareció ver un hueco... ¡y se escabulló por él! Se encontró delante un hombre bastante orondo, giró sobre si mismo para rodearlo... ¡y casi se golpea contra un tenderete de frutas que estaba al lado! Pero apoyó las manos contra la madera, flexionó los brazos y acto seguido tensó sólo uno de ellos, sintió como el impulsó se redirigía y le pareció salir disparado rebotando contra la madera.
De nuevo estuvo a punto de golpearse, esta vez contra una vaca que un mercader ofrecía para en medio de la calle, pero de un pequeño salto y apoyándose en su lomo saltó por encima. Aterrizó al otro lado, donde dos incrédulos transeúntes se apartaron al verlo caer. Le faltaba el aliento, y sentía que le dolía todo el cuerpo. Pero se sentía bien.
Hasta que de pronto, alguien le cogió del brazo. Giró la cabeza y vio un guardia de la ciudad, con un aspecto muy poco amistoso. Wáng Mìng se intentó zafar, pero no pudo, y el guardia le atrajo hacia él. Se asustó, no sabía que quería, pero estaba asustado. El gobernante de Xinzhou era severo en los castigos, y el había armado bastante jaleo en el mercado, no sabía que hacer...
De pronto, la cara del guardia se congestionó y se retorció en una mueca de dolor, al estrellarse un garrote contra su cabeza, y el guardia cayó al suelo.
Su hermano apareció detrás del guardia: "¡¡¡Corre!!!". Y eso fue lo que hizo. Corrió, corrió y corrió...hasta que no supo donde estaba, ni como había llegado. Su entorno no le era familiar, no lo reconocía.
Escuchó un ruido, algo que cayó al suelo con un ruido sordo, y seco. Se giró, y pudo ver a un muchacho en el suelo, sin moverse. Se acercó a él: no se movía, no parecía respirar, y Wáng Mìng dudó...el muchacho parecía rico, tenía una ropa maravillosa, y algunas joyas.
Se parecía a él, pero al mismo tiempo eran muy distintos: su piel era más suave, su tez más rosada, sus ojos no tenían bolsas y su pelo no estaba sucio y enmarañado. Además, olía muy bien, como si estuviera bañado en perfume.
Wáng Mìng estiró la mano para tocarlo, y para coger algo antes de salir corriendo. Pero no pudo, el muchacho abrió los ojos de repente, y le miró directamente. Hizo ademán de apartarse pero no podía moverse, y Wáng Mìng decidió que no debía robarle, que podía ser peligroso. Le ayudó a ponerse en pie, pero de forma casi inmediata escuchó un grito.

Wáng Mìng vio a dos adultos, una mujer muy bien vestida y con un rostro tenso y asustado como si hubiera visto un monstruo, y un hombre mayor pero de complexión fuerte portando un rastrillo en las manos. El hombre clavó sus ojos en él. En ellos no había miedo, como en los de la mujer, si no ira y violencia. Profirió un extraño gruñido, y se arrojó contra él, golpeándolo con el rastrillo.
Wáng Mìng sintió como las puntas del extremo del rastrillo rasgaban sus harapos y su piel, mientras una punzada de dolor le recorrió la espalda. Por suerte, había reaccionado a tiempo y se apartó de la trayectoria. Al segundo golpe no espero y ya no estaba ahí cuando llegó el rastrillo. El tercer golpe, fue más intimidatorio que necesario, pues Wáng Mìng ya estaba alejándose corriendo.

Volvió a casa, arañado y dolorido. Sus padres y su hermano se asustaron mucho por sus heridas, aunque se alegraron de ver que finalmente sólo eran unos arañazos. Eso sí, su hermano lucía un gran moratón e inflamación en la mejilla derecha, sobre el que no comentó nada a Wáng Mìng.

Otra sorpresa surgió dos días después. Cuando apenas estaban desayunando, irrumpieron dos guardias en la casa, acompañados de un hombre elegantemente vestido. Dijo ser el padre del muchacho con el que había estado Wáng Mìng hacía dos tardes.
Quería que Wáng Mìng pasara un tiempo con su hijo y que, a cambio, el alimentaría a su familia mientras respetara una serie de reglas, las cuales eran extrañas: no hablar de como vive su familia, ni de hambre, enfermedades ni nada parecido. Las condiciones eran tan extrañas que aceptaron sin pensar.

Esta sería la época más cómoda de la vida de Wáng Mìng. Iba a hacer compañía a un muchacho malcriado, mantenía una conversación estúpida, y su familia tenía para comer. Su familia incluso consiguió reunir un cierto dinero, pues no necesitaba gastarlo para comer. Estaban mejor alimentados, lo que además provocó que sus padre pudieran trabajar más y mejor, e incluso su padre fue ascendido y puesto a cargo de varios agricultores y de una parcela.

Sin embargo, no duró mucho. El patrón para el que trabajaba el padre de Wáng Mìng debía dinero a varios prestamistas debido a malas cosechas anteriores y, aunque se vaticinaba que la cosecha iba a ser buena, los prestamistas no tenían más paciencia, y decidieron dar una advertencia al propietario. Realizaron un sabotaje en el sistema de irrigación y canalización de agua a las plantaciones en las que trabajaba el padre de Wáng Mìng, el cual se encontraba limpiando el canal en ese momento de matojos y arbustos que pudieran afectar al correcto circular del agua. Se vio arrastrado y derribado por el agua liberada, impotente ante su fuerza desbocada. Cuando el flujo se calmó, le encontraron varios metros más adelante, completamente calado y magullado. Ese día volvió del trabajo en cuanto sucedió, estaba frío y se encontraba mal. Le habían dicho que descansara, que tomara algo caliente y mañana estaría mejor.

Sin embargo no fue así. En los días sucesivos no mejoró, y el dinero acumulado empezó a emplearse en boticarios, que acudían con sus remedios, y se iban sin conseguir nada. La familia estaba cada vez más preocupada, y el padre estaba cada vez peor. Además, no trabajaba, por lo que no ingresaba jornal, y el dinero estaba esfumándose en donativos y medicinas. Aunque se encontraba mal, decidió volver a trabajar...pero no tuvo donde. La parcela en la que trabajaba había sido entregada a los prestamistas que habían provocado el sabotaje, los cuales ya tenían a su gente trabajando. Y su antiguo jefe no podía darle trabajo, ahora tenía menos tierra y más trabajadores. Con estas perspectivas llegaron las lluvias y el frío de los monzones, y la enfermedad que no había terminado de curarse se agravó de forma espeluznante. Tan espeluznante y repentino fue, que el dinero que les quedaba se esfumó casi de un día para otro. Su madre tuvo que buscar otro trabajo en el escaso y nocturno tiempo que la quedaba, y el hermano de Wáng Mìng se vio obligado de nuevo a mendigar.

La situación era cada vez peor, y cada vez le costaba más a Wáng Mìng soportar a un niño estúpido que no sabía nada de lo que pasaba en el mundo. Un día, en el que le había sido especialmente duro estar rodeado de lujo y comodidad mientras su padre estaba enfermo en casa, encontró a su madre y su hermano llorando en casa. Se asustó muchísimo y corrió hacia la habitación donde descansaba su padre, esperando lo peor. Pero lo que vio no era lo que esperaba, pues su padre se había incorporado y estaba sentado.

Un curandero les había dicho, y demostrado, que podía curar a su padre. Su nombre era Zhang Jiao, un monje y curandero taoísta. Sin embargo, pedía una elevada suma a cambio, no para él, si no para un bien mayor. Como no podían ofrecer semejante suma, Zhang Jiao se marchó, aunque les dejo instrucciones de como localizarle a él o sus hermanos. La familia lo habló, y no encontró solución. Finalmente, los dos hermanos llegaron a un acuerdo, que mantuvieron oculto a sus padres: trabajarían como criminales, Wáng Mìng intentaría robar pequeñas joyas en la casa y su hermano las vendería.

Funcionó...una vez. Y dos. Wáng Mìng pensó que todo iría bien, hasta el día que no funcionó. La tercera vez, su hermano apareció en casa siendo arrastrado por dos guardias, los cuales le habían dado una paliza por haberle encontrado vendiendo joyas robadas. Después se llevaron a su madre, a la cual iban a ajusticiar como responsable de los actos de su hijo. Al día siguiente fue decapitada públicamente. El mismo día, las Tríadas acudieron a su casa. Reclamaban una joya que les habían prometido, y por la que ya estaba entregado el dinero. El hermano de Wáng Mìng dijo que el oficial que hacía de enlace se la había quedado, que seguro que tendría el dinero...pero no le escucharon. Les golpearon, y casi les matan, dejándoles sin conocimiento.

Cuando despertaron, se habían llevado a su hermana. Wáng Mìng estaba aterrado, ya que suponía para que la habían raptado. Su padre además, parecía haberse vuelto loco. Estaba enfermo, habían decapitado a su mujer, su hija había sido secuestrada por las Tríadas y sus hijos eran unos criminales. Balbuceaba, decía palabras inconexas y se tambaleaba de un lado a otro, cuando la enfermedad le concedía fuerzas suficientes. Corrió hacia el lugar donde se la podían haber llevado según su hermano, pero no la pudo encontrar. No le dejaron pasar a ninguno de los locales, ni pudo colarse por estar estrechamente vigilados.

Volvió con su hermano, y pensaron que hacer. La única solución que encontraron fue, volver con otra joya. Así se lo planteó Wáng Mìng. Volvió al día siguiente, convencido de que sería el último día ya que después de robar alguna joya importante y valiosa, no podría volver. Además, la conversación que sostuvo con el muchacho le hizo imposible seguir soportándolo más:
- Amigo mío, ¿todos los niños fuera de mi casa son como eras tú?
- ¿Como era yo? ¿A que te refieres?
- Estabas sucio, olías mal, y eras muy delgado. Ahora estas limpio, y tienes mejor aspecto.
- No, no todos son como yo. Sólo los pobres, pero tú no eres pobre, y no puedes entenderlo.
- Pobre...- Po Xin no había oído nunca esa palabra.- ¿Que es ser pobre?
- ¿No lo sabes? Pobre es no tener para comer siempre que quieres, ni todo lo que quieres. No tener a alguien que cuide de ti en todo momento, ni que te cure cuando estás enfermo. No tener una casa tan grande y espléndida. Y sobre todo, contemplar el sufrimiento impotente de tus padres, que no pueden hacer más por sus seres queridos. Pero eso tú, no creo que puedas entenderlo.

Wáng Mìng se marchó ese día, con una joya escondida en el bolsillo, y no volvió a aparecer en casa del muchacho. La joya era lo bastante grande y lujosa para merecer el rescate de su hermana, y algo más de dinero. El suficiente para marcharse de allí. Se marcharon pero no lo bastante lejos. Resulta que la joya que había robado era una joya familiar muy importante, y los criminales de las Tríadas fueron masacrados por la guardia para recuperarla. Pero no todos, y algunos decidieron que se vengarían de aquellos niños que habían provocado la muerte de sus hermanos, por muy niños que fueran. Además de que la propia familia quería traer justicia sobre aquel muchacho que había osado robarla.

Y así, la familia de Wáng Mìng pasó los años, huyendo de unos asesinos que les perseguían, tanto criminales como nobles. Vivieron normalmente a la intemperie, y se convirtieron en bandoleros, uniéndose a otros parias que habían tenido que marcharse de sus ciudades de origen. Finalmente, parecía que habían conseguido desprenderse de su pasado. Un día el grupo de bandoleros de Wáng Mìng fue contratado para asaltar y robar a un noble que se desplazaba para casarse.

El grupo recibió instrucciones de asaltarle y robar todo lo que portara, acompañado de uno de los patrones para atestiguarlo, llamado Pan Bian. Pero no pasó todo como ellos esperaban: cuando habían reducido a los guardias, dejado escapar a los que huían, y tenían al noble a su merced, Pan Bian se dirigió hace él, con una sonrisa en el rostro para, de pronto, con un movimiento brusco quitarle el cuchillo a Wáng Mìng, y clavárselo en el pecho al noble.

Acto seguido, se giró, miró a Wáng Mìng a los ojos y le sonrió. Wáng Mìng le reconoció, era uno de los miembros de las Tríadas a los que había vendido la joya. Después de tanto tiempo, le habían encontrado, y le habían dejado con el asesinato de un noble cargado en sus hombros. Pan Bian salió corriendo, y ni Wáng Mìng ni sus compañeros pudieron alcanzarle.

Al volver, el noble estaba muerto, pero su hermano Wáng Xún parecía no preocupado. Inmediatamente dio órdenes a los compañeros para que alcanzaran a los fugitivos, y los trajeran, y le explicó a su hermano la situación: el noble, un joven de su edad aproximadamente, se dirigía a un matrimonio concertado con la hija pequeña de la familia Xian, nobles de la prefectura de Jinzhong.

El objetivo de este matrimonio era utilizar la dote del enlace para salvar a su familia, y nadie le conoce en Jinzhong. Les había pedido que le suplantaran, para salvar a su familia, y a cambio utilizaran las riquezas que consiguiera para lo que desearan, ya que al no ser el hijo mayor, tampoco tendrían derecho a heredar la riqueza de su familia. También encontraron a los guardias huidos, y como era de esperar, les dio igual el plan. No eran soldados de la familia, que ya no podía pagar tener su propia guardia, si no que eran simples soldados contratados para esta misión. Se les pagó con el botín, y se les dejó libres. Wan Xun dijo que no pasaría nada, que confiaran los unos en los otros: ni unos dirían lo que había pasado aquí, ni los otros les perseguirían para conseguir el silencio.

Y así, Wáng Mìng, que era quien más se parecía al difunto, se convirtió en Xū Hào y se casó con Xian Yan. El objetivo no era salvar al difunto (eso era más bien una compensación por quedarse su vida después de que le mataran), si no que ahora Wáng Mìng tendría acceso a unas riquezas y poder que le permitiría ayudar a su padre enfermo, su hermana y su hermano, así como a sus camaradas bandoleros. Sin embargo, aún en la boda tuvo un último susto. Antes de casarse, cuando llegaban a la ciudad, Wáng Mìng (o más correctamente, Xū Hào), se encontró con un hombre en el camino, el cual comenzó a llamarle a gritos, pero por su auténtico nombre. Incluso se acercó a saludarlo e intentar tocarlo, pero los guardias que acompañaban a Wáng Mìng (sus antiguos compañeros de fechorías), le detuvieron.

La sorpresa de Wáng Mìng fue mayúscula al reconocer a ese muchacho que hace años era un niño regordete y malcriado, y que ahora parecía salido de un monasterio, lleno de polvo y para nada rodeado de comodidades.
- Wáng Mìng, ¿no me reconoces?
- No puedo reconocer a quien no conozco.
- Bueno, es cierto que he cambiado. Yo diría que soy otra persona, aunque conservo el nombre. Tú sin embargo has cambiado, incluso de nombre. Ahora, trato de que mitigar el dolor que me mostraste hace años, el de los menos desfavorecidos.
- No se de que me estás hablando. Yo no soy Wáng Mìng, y nunca lo he sido. Estoy aquí por el bien de mi familia, me caso por ayudarla, y no te conozco de nada.
- Bueno, si es por eso, no me importa como te llames.

Wáng Mìng no supo la razón, pero la sonrisa que esbozó ese muchacho, le transmitía confianza en la sinceridad y discreción del que nunca fue su amigo en la niñez... ¿o sí?

Personalidad e interpretación.
Wáng Mìng es una persona que se esfuerza por ocultar la verdad de su vida, de su origen y de su nacimiento. Es por eso que no le gusta hablar de sí mismo, pues la mentira que ha tenido que crear es cada vez más grande, incluso ha tenido que emplear parte de sus nuevas riquezas en espiar a la familia a la cual se supone que pertenece, para poder dar consistencia a su historia.

Es una persona que no responde a preguntas sobre él, y para evitarlo pregunta constantemente a los demás, les deja hablar y les permite que se desahoguen con él, motivo por el cual intima con facilidad. Cuando tiene que hablar con alguien, suele inventarse anécdotas, o repetirlas con aquellos que no le conoces. Algunos dicen que siempre cuenta las mismas historias, a lo que suele responder que su vida nunca fue demasiado interesante.

Tampoco le gusta demasiado llamar la atención, tomando siempre un segundo plano en cualquier acto social. No le gusta ser el centro de atención, y para disimular que no se siente a gusto suele entablar conversaciones triviales con desconocidos. Pero debido a que tiene la costumbre de preguntar, igualmente, para que no le pregunten, al final suele acabar destacando por dos posibles motivos: o cae mal por ser muy preguntón, o entabla fácilmente amistad.

Precisamente por su situación, es una persona que valora enormemente la información y los secretos. Es consciente que un secreto puede arruinar perfectamente la vida de las personas, y por ellos siempre mide la cantidad de información que proporciona en cualquier conversación, y está siempre muy atento a cualquier información que proporcione su conversador.
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Alejandro
Fundador de RolHypnos

jueves, 3 de noviembre de 2011

Actualización semanal: Miércoles 03/11, Xián Máo


Hola a todos de nuevo!!

Pues nada, aqui tengo la actualización semanal!!!
El tercero de los personajes jugadores, su historia y sus consejos de interpretación. Cada día queda menos, y la semana que viene espero terminar con la revisión de los cinco. Una vez hecho eso, crearé sus fichas y comenzaré con el playtest, mientras voy terminando de pulir los detalles de los demás PNJs.

Y espero que en el plazo de unos meses, pueda haber hecho algo de playtest, aunque espero que para eso me ayude alguien. Por supuesto, seré bien agradecido de ello.


Y ahora, os dejo con la historia de Xián Máo.

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Xián Máo tenía el destino marcado desde que nació: su familia pertenece a la nobleza más importante de la prefectura Jinzhong, una familia que siempre ha destacado por sus servicios militares y, más particularmente, como escoltas de los señores de Jinzhong.
Xián Máo fue el primogénito de la familia, y por tanto, heredó el deber sagrado de la familia de entrenar para ser parte de la escolta de su señor, un guardaespaldas obediente y efectivo. Tuvo que aceptarlo cuando todavía ni siquiera sabía lo que eso significaba, cuando todavía pensaba que era un juego.
Xián Máo acababa de cumplir seis años cuando su destino llegó hasta él. Su padre le presentó al que sería su instructor, un hombre mayor llamado Zhou. Zhou había pasado sus años de juventud y lucha, pero era muy querido por su padre por la gran experiencia y sabiduría que había acumulado. Además, como le dijo, y le demostró, al propio Xián Máo: “Para entrenar a un niño como tú, no me hace falta ensuciarme la ropa”.

Durante los siguientes años, Xián Máo fue entrenado duramente día tras día.
Por la mañana, Zhou lo sometía a un estricto y riguroso entrenamiento físico, realizando ejercicios para desarrollar su elasticidad, velocidad y fortaleza, fortaleciendo su cuerpo. También le iniciaba en las formas básicas del combate, educándole tanto en distintos estilos de combate sin armas, como en las “cuatro grandes” armas de los estilos de combate: lanza, espada, sable y vara.
Era sumamente duro con él, le obligaba a levantarse con el primer rayo de sol y no le permitía parar hasta que apenas podía tenerse en pie. Y era en ese momento en el que Zhou le sometía al último ejercicio: combatía contra él. Ni que decir tiene que Xián Máo tardó años en poderse medir con Zhou en igualdad de condiciones, pero sus progresos eran impresionantes, a grandes saltos. Una vez, Xián Máo le preguntó por qué era tan duro con él, y Zhou le respondió: “Si quieres una buena cosecha, siembra cuando la tierra esté blanda. Mil golpes en el entrenamiento son un precio bajo, si ese entrenamiento te salva la vida dentro de 10 años; a ti o a tu señor”.
Esta frase se grabó a fuego en la mente de Xián Máo, que a partir de entonces siguió entrenando con renovadas energías y ánimo.

Pero no fue el único adiestramiento al que era sometido. Después de acabar el entrenamiento físico por las mañanas, Xián Máo se bañaba y comía. La comida era parte también del adiestramiento: la cantidad de alimento que Xián Máo tenía a su disposición siempre era proporcional al esfuerzo y rendimiento que había mostrado en el entrenamiento. Su maestro decía: “Así como el campesino que labra la tierra y cuanto mejor la labra más obtiene, así obtendrás tú en función de lo que trabajes tus artes”.
Y no sólo la cantidad, utilizada como estímulo para fomentar el esfuerzo de Xián Máo, si no la calidad, ya que Zhou controlaba estrictamente lo que comía, pues según él la adecuada alimentación también es importante para el adecuado desarrollo del cuerpo, y más en la juventud. Por tanto, ordenaba estrictamente las comidas, los ingredientes y la dieta, no permitiéndole mezclar ciertos alimentos, y limitando el consumo de otros.
Todo esto, además, se lo explicó y le transmitió sus conocimientos sobre alimentación, ya que algún día no estaría para controlarle la comida, y ese día tendría que saber él mismo lo que necesitaba comer para mantener en equilibrio su cuerpo y su energía.

Todas las tardes, después, comenzaba el adiestramiento mental. Zhou obligaba a Xián Máo a desarrollarse mentalmente, ya que consideraba que un guerrero cuya mente no estaba adecuadamente desarrollada, era una persona tan débil como cualquier otra, lo que expresaba diciendo: “un vaso lleno de agua es inútil, si el agua que contiene está corrupta y no se puede beber. Tu cuerpo es el vaso, tu mente es el agua”.
Zhou obligaba a Xián Máo a leer libros de historia, poesía, filosofía y arte, así como adiestrarse en otras artes tales como la música, religión, acupuntura, etc...

Y sobre todo, Zhou se preocupó de inculcarle valores. Le hizo entender que una espada es un arma, ni más ni menos, ni buena ni mala. Que es la mano que la esgrime la que debe tener en cuenta la moralidad, y el propósito; que un guerrero sin propósito no es más que un caballo desbocado y, sobre todo, que la línea que separa un asesino de un guerrero, es muy fina.
Y fue por ello que le instruyó en los cinco textos clásicos del confucianismo, los Liu Ching. Zhou pretendía convertir a Xián Máo en un Junzi, un hombre superior. Lo formó para ser un hombre equilibrado, justo y generoso, un ejemplo para otros hombres, un digno vasallo de un noble señor.

Y lo consiguió.
Xián Máo se convirtió en un buen hombre, justo y generoso, un ejemplo a seguir. Entró al servicio de Wú Xíng con apenas 14 años como un soldado, y destacó casi inmediatamente. A los 16 años ya era líder de su escuadrón, y su ejemplo le dio un nuevo ímpetu y arrojo, haciéndolo destacar sobre los demás. Al poco tiempo de cumplir los 19 ya era miembro de una unidad de élite al servicio de Wú Xíng, y poco después sería puesto a prueba para formar parte de su propia guardia personal.
Fue después de una misión, en la cual tuvo que escoltar a la que sería la esposa del joven señor, Wú Xíng. En esta misión tuvieron que recoger y escoltar a la hija mayor del señor de la prefectura vecina Linfen hasta la capital de la prefectura de Jinzhong. Intencionadamente pasaban a través de un bosque en el cual era muy fácil tender una emboscada, se convino y se pagó a los lugareños de los alrededores para que dijeran que había pasado por allí el convoy.
Sin embargo, tristemente se descubrió poco después que había un traidor entre los siervos del señor de Linfen, cuyo nombre ha sido borrado de los registros para salvaguardar el honor de su familia, muy querida por su señor, puesto que se descubrió la estratagema: llegaron informes de que cuando el convoy tenía que atravesar el bosque en el viaje de recogida de la dama Gāo Sè, efectivamente personas sospechosas habían merodeado en torno al bosque, y hecho preguntas.
El convoy partió de vuelta a Jinzhong transportando a la dama Gāo Sè, por otra ruta distinta de la que habían tomado en el viaje para su recogida, y distinto a su vez de la ruta que se suponía seguirían a través del bosque. Y eso fue lo que aprovechó el traidor, uno de los guardias personales de Gāo Sè que, lleno de celos, había decidido secuestrarla contratando a un numeroso grupo de mercenarios, engañándoles sin avisarles de los rivales a los que se enfrentarían, para que le fuera más fácil conseguir su contratación. Les había prometido todas las riquezas que pudieran saquear del convoy y de los cadáveres de los soldados que derrotaran, aunque tenía intención de matar a los pocos supervivientes que hubiera del combate.
Sin embargo, el plan le salió mal. Xián Máo estaba especializado en el combate con lanza, manteniendo alejados a sus rivales del carromato de la dama, y permitiendo que sus compañeros abatieran a los mercenarios. Éstos fueron derrotados poco a poco y, debido al miedo a ser descubierto, pues había sido tal su confianza en el plan que no se había molestado en ocultar su identidad a los mercenarios y además, pensaba matar a los supervivientes cuando todo terminara, optó por una medida desesperada: fingió una herida grave, y sus compañeros le separaron de la primera línea del combate. Una vez en una situación alejada del combate, se acercó a la dama, la tapó la boca, la sujetó con fuerza y salió corriendo, esperando que no les diera tiempo a sus compañeros a darse cuenta de lo que estaba pasando y perseguirle mientras corría.
Nuevamente, le salió mal. Xián Máo sintió un movimiento extraño, y miró hacia atrás, viendo la escena. Sin dudarlo un momento giró, arrojando su lanza contra el traidor y matándolo en el acto pero, casi al mismo tiempo, los bandidos aprovechaban la ocasión para herirle varias veces, pues le vieron vulnerable y estaba siendo el puntal de la defensa del convoy. Xián Máo cayó herido, y no supo nada más del combate.
Cuando despertó, estaba en una habitación que no conocía. Le atendía un médico, que habló un poco con él y se ausentó. Cuando volvió, estaba acompañado del hombre de confianza de su señor, Yì Qì, que le informó del resultado de la misión: "Gracias a tu sacrificio, ese traidor no pudo secuestrar a la dama Gāo Sè, trayendo el deshonor a mi señor y a su padre. Le has servido fielmente, y quiere recompensarte. Por ello, cuando te recuperes, partirás en una misión personalmente asignada por él y, de superarla, pasarás a formar parte de su séquito personal".
Xián Máo sabía que no debía, pero no pudo evitar sonreír.

Personalidad e interpretación.
Xián Máo ha sido educado como el ideal soldado fiel, leal y sacrificado, además del ideal de las virtudes del confucionismo: respeto a las leyes, las tradiciones, los ancestros y el status social.
Su adherencia a las leyes es completa y absoluta, sin pretensión de interpretarlas si no de aplicarlas. Sólo en caso de que un superior le indique que se equivoca, y lo justifique de forma convincente, se desviará de la ley. Nunca se ha enfrentado a una flagrante transgresión de las leyes por parte de una autoridad por encima de la suya, y ni se plantea el conflicto. Sería un terrible conflicto para su conciencia, enfrentándose su adherencia a la ley y las formas con su lealtad absoluta a su señor.
Su comportamiento es metódico y escrupuloso, tanto en su ejercicio diario cuando no está de misión, como su alimentación terriblemente planificada y cuidada. Es serio, no dado a las bromas, así como correcto en el lenguaje aunque parco en palabras.
Completa y absolutamente sincero, nunca mentirá salvo que sea para salvaguardar los intereses de su señor, y entonces lo hará lo mejor que pueda de corazón, aunque no es bueno.
Es un hombre ecléctico y multidisciplinar, con amplios conocimientos de filosofía, historia, leyes y tradición, pero sin profundizar en exceso. En combate sabe manejar multitud de armas y se defiende perfectamente sin ellas, aunque es la lanza, que para el representa el símbolo de que un hombre debe aspirar a lo más alto, su arma predilecta y en la que mejor se maneja.

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Alejandro
Fundador de RolHypnos