jueves, 3 de noviembre de 2011

Actualización semanal: Miércoles 03/11, Xián Máo


Hola a todos de nuevo!!

Pues nada, aqui tengo la actualización semanal!!!
El tercero de los personajes jugadores, su historia y sus consejos de interpretación. Cada día queda menos, y la semana que viene espero terminar con la revisión de los cinco. Una vez hecho eso, crearé sus fichas y comenzaré con el playtest, mientras voy terminando de pulir los detalles de los demás PNJs.

Y espero que en el plazo de unos meses, pueda haber hecho algo de playtest, aunque espero que para eso me ayude alguien. Por supuesto, seré bien agradecido de ello.


Y ahora, os dejo con la historia de Xián Máo.

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Xián Máo tenía el destino marcado desde que nació: su familia pertenece a la nobleza más importante de la prefectura Jinzhong, una familia que siempre ha destacado por sus servicios militares y, más particularmente, como escoltas de los señores de Jinzhong.
Xián Máo fue el primogénito de la familia, y por tanto, heredó el deber sagrado de la familia de entrenar para ser parte de la escolta de su señor, un guardaespaldas obediente y efectivo. Tuvo que aceptarlo cuando todavía ni siquiera sabía lo que eso significaba, cuando todavía pensaba que era un juego.
Xián Máo acababa de cumplir seis años cuando su destino llegó hasta él. Su padre le presentó al que sería su instructor, un hombre mayor llamado Zhou. Zhou había pasado sus años de juventud y lucha, pero era muy querido por su padre por la gran experiencia y sabiduría que había acumulado. Además, como le dijo, y le demostró, al propio Xián Máo: “Para entrenar a un niño como tú, no me hace falta ensuciarme la ropa”.

Durante los siguientes años, Xián Máo fue entrenado duramente día tras día.
Por la mañana, Zhou lo sometía a un estricto y riguroso entrenamiento físico, realizando ejercicios para desarrollar su elasticidad, velocidad y fortaleza, fortaleciendo su cuerpo. También le iniciaba en las formas básicas del combate, educándole tanto en distintos estilos de combate sin armas, como en las “cuatro grandes” armas de los estilos de combate: lanza, espada, sable y vara.
Era sumamente duro con él, le obligaba a levantarse con el primer rayo de sol y no le permitía parar hasta que apenas podía tenerse en pie. Y era en ese momento en el que Zhou le sometía al último ejercicio: combatía contra él. Ni que decir tiene que Xián Máo tardó años en poderse medir con Zhou en igualdad de condiciones, pero sus progresos eran impresionantes, a grandes saltos. Una vez, Xián Máo le preguntó por qué era tan duro con él, y Zhou le respondió: “Si quieres una buena cosecha, siembra cuando la tierra esté blanda. Mil golpes en el entrenamiento son un precio bajo, si ese entrenamiento te salva la vida dentro de 10 años; a ti o a tu señor”.
Esta frase se grabó a fuego en la mente de Xián Máo, que a partir de entonces siguió entrenando con renovadas energías y ánimo.

Pero no fue el único adiestramiento al que era sometido. Después de acabar el entrenamiento físico por las mañanas, Xián Máo se bañaba y comía. La comida era parte también del adiestramiento: la cantidad de alimento que Xián Máo tenía a su disposición siempre era proporcional al esfuerzo y rendimiento que había mostrado en el entrenamiento. Su maestro decía: “Así como el campesino que labra la tierra y cuanto mejor la labra más obtiene, así obtendrás tú en función de lo que trabajes tus artes”.
Y no sólo la cantidad, utilizada como estímulo para fomentar el esfuerzo de Xián Máo, si no la calidad, ya que Zhou controlaba estrictamente lo que comía, pues según él la adecuada alimentación también es importante para el adecuado desarrollo del cuerpo, y más en la juventud. Por tanto, ordenaba estrictamente las comidas, los ingredientes y la dieta, no permitiéndole mezclar ciertos alimentos, y limitando el consumo de otros.
Todo esto, además, se lo explicó y le transmitió sus conocimientos sobre alimentación, ya que algún día no estaría para controlarle la comida, y ese día tendría que saber él mismo lo que necesitaba comer para mantener en equilibrio su cuerpo y su energía.

Todas las tardes, después, comenzaba el adiestramiento mental. Zhou obligaba a Xián Máo a desarrollarse mentalmente, ya que consideraba que un guerrero cuya mente no estaba adecuadamente desarrollada, era una persona tan débil como cualquier otra, lo que expresaba diciendo: “un vaso lleno de agua es inútil, si el agua que contiene está corrupta y no se puede beber. Tu cuerpo es el vaso, tu mente es el agua”.
Zhou obligaba a Xián Máo a leer libros de historia, poesía, filosofía y arte, así como adiestrarse en otras artes tales como la música, religión, acupuntura, etc...

Y sobre todo, Zhou se preocupó de inculcarle valores. Le hizo entender que una espada es un arma, ni más ni menos, ni buena ni mala. Que es la mano que la esgrime la que debe tener en cuenta la moralidad, y el propósito; que un guerrero sin propósito no es más que un caballo desbocado y, sobre todo, que la línea que separa un asesino de un guerrero, es muy fina.
Y fue por ello que le instruyó en los cinco textos clásicos del confucianismo, los Liu Ching. Zhou pretendía convertir a Xián Máo en un Junzi, un hombre superior. Lo formó para ser un hombre equilibrado, justo y generoso, un ejemplo para otros hombres, un digno vasallo de un noble señor.

Y lo consiguió.
Xián Máo se convirtió en un buen hombre, justo y generoso, un ejemplo a seguir. Entró al servicio de Wú Xíng con apenas 14 años como un soldado, y destacó casi inmediatamente. A los 16 años ya era líder de su escuadrón, y su ejemplo le dio un nuevo ímpetu y arrojo, haciéndolo destacar sobre los demás. Al poco tiempo de cumplir los 19 ya era miembro de una unidad de élite al servicio de Wú Xíng, y poco después sería puesto a prueba para formar parte de su propia guardia personal.
Fue después de una misión, en la cual tuvo que escoltar a la que sería la esposa del joven señor, Wú Xíng. En esta misión tuvieron que recoger y escoltar a la hija mayor del señor de la prefectura vecina Linfen hasta la capital de la prefectura de Jinzhong. Intencionadamente pasaban a través de un bosque en el cual era muy fácil tender una emboscada, se convino y se pagó a los lugareños de los alrededores para que dijeran que había pasado por allí el convoy.
Sin embargo, tristemente se descubrió poco después que había un traidor entre los siervos del señor de Linfen, cuyo nombre ha sido borrado de los registros para salvaguardar el honor de su familia, muy querida por su señor, puesto que se descubrió la estratagema: llegaron informes de que cuando el convoy tenía que atravesar el bosque en el viaje de recogida de la dama Gāo Sè, efectivamente personas sospechosas habían merodeado en torno al bosque, y hecho preguntas.
El convoy partió de vuelta a Jinzhong transportando a la dama Gāo Sè, por otra ruta distinta de la que habían tomado en el viaje para su recogida, y distinto a su vez de la ruta que se suponía seguirían a través del bosque. Y eso fue lo que aprovechó el traidor, uno de los guardias personales de Gāo Sè que, lleno de celos, había decidido secuestrarla contratando a un numeroso grupo de mercenarios, engañándoles sin avisarles de los rivales a los que se enfrentarían, para que le fuera más fácil conseguir su contratación. Les había prometido todas las riquezas que pudieran saquear del convoy y de los cadáveres de los soldados que derrotaran, aunque tenía intención de matar a los pocos supervivientes que hubiera del combate.
Sin embargo, el plan le salió mal. Xián Máo estaba especializado en el combate con lanza, manteniendo alejados a sus rivales del carromato de la dama, y permitiendo que sus compañeros abatieran a los mercenarios. Éstos fueron derrotados poco a poco y, debido al miedo a ser descubierto, pues había sido tal su confianza en el plan que no se había molestado en ocultar su identidad a los mercenarios y además, pensaba matar a los supervivientes cuando todo terminara, optó por una medida desesperada: fingió una herida grave, y sus compañeros le separaron de la primera línea del combate. Una vez en una situación alejada del combate, se acercó a la dama, la tapó la boca, la sujetó con fuerza y salió corriendo, esperando que no les diera tiempo a sus compañeros a darse cuenta de lo que estaba pasando y perseguirle mientras corría.
Nuevamente, le salió mal. Xián Máo sintió un movimiento extraño, y miró hacia atrás, viendo la escena. Sin dudarlo un momento giró, arrojando su lanza contra el traidor y matándolo en el acto pero, casi al mismo tiempo, los bandidos aprovechaban la ocasión para herirle varias veces, pues le vieron vulnerable y estaba siendo el puntal de la defensa del convoy. Xián Máo cayó herido, y no supo nada más del combate.
Cuando despertó, estaba en una habitación que no conocía. Le atendía un médico, que habló un poco con él y se ausentó. Cuando volvió, estaba acompañado del hombre de confianza de su señor, Yì Qì, que le informó del resultado de la misión: "Gracias a tu sacrificio, ese traidor no pudo secuestrar a la dama Gāo Sè, trayendo el deshonor a mi señor y a su padre. Le has servido fielmente, y quiere recompensarte. Por ello, cuando te recuperes, partirás en una misión personalmente asignada por él y, de superarla, pasarás a formar parte de su séquito personal".
Xián Máo sabía que no debía, pero no pudo evitar sonreír.

Personalidad e interpretación.
Xián Máo ha sido educado como el ideal soldado fiel, leal y sacrificado, además del ideal de las virtudes del confucionismo: respeto a las leyes, las tradiciones, los ancestros y el status social.
Su adherencia a las leyes es completa y absoluta, sin pretensión de interpretarlas si no de aplicarlas. Sólo en caso de que un superior le indique que se equivoca, y lo justifique de forma convincente, se desviará de la ley. Nunca se ha enfrentado a una flagrante transgresión de las leyes por parte de una autoridad por encima de la suya, y ni se plantea el conflicto. Sería un terrible conflicto para su conciencia, enfrentándose su adherencia a la ley y las formas con su lealtad absoluta a su señor.
Su comportamiento es metódico y escrupuloso, tanto en su ejercicio diario cuando no está de misión, como su alimentación terriblemente planificada y cuidada. Es serio, no dado a las bromas, así como correcto en el lenguaje aunque parco en palabras.
Completa y absolutamente sincero, nunca mentirá salvo que sea para salvaguardar los intereses de su señor, y entonces lo hará lo mejor que pueda de corazón, aunque no es bueno.
Es un hombre ecléctico y multidisciplinar, con amplios conocimientos de filosofía, historia, leyes y tradición, pero sin profundizar en exceso. En combate sabe manejar multitud de armas y se defiende perfectamente sin ellas, aunque es la lanza, que para el representa el símbolo de que un hombre debe aspirar a lo más alto, su arma predilecta y en la que mejor se maneja.

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Muchas gracias a todos por vuestra atención!
Cualquier comentario que queráis hacer, será siempre bienvenido.
Alejandro
Fundador de RolHypnos

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