viernes, 28 de octubre de 2011

Actualización semanal: Miércoles 28/10, Mengshi Fu


Hola a todos de nuevo!!

¡Menuda actualización más rápida!
Pues sí, la verdad es que prefiero actualizar con el tema "calentito", que si no luego me apotrono.

La cuestión es que ayer terminé de revisar la historia del módulo, y ahora estoy con los personajes. Pues bien, ya he revisado el primero de los personajes. Supongo que será rápido porque hay poco que revisar, algo de ortografía, gramática, y un poco de historia que ha cambiado desde el momento en el que inicialmente la diseñé.

Por tanto, espero que sea razonablemente rápido, pues no hay mucho que modificar. Así que, espero que en unos 15 días pueda anunciar que estoy comenzando las sesiones de playtest, las cuales además incluirán un playtest abierto.

De momento, os dejo con la sección completa de Mengshi Fu, la Doncella Guerrera, y como siempre, espero todas las críticas que queráis hacer.

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Mengshi Fu es una mujer en un mundo tradicionalmente atribuido y dominado por hombres: la guerra y la lucha.
Proviene de una familia noble desaparecida de las afueras del Imperio. En su infancia, fue criada por su padre para ser una doncella de la corte, casarla con un hombre y conseguir un buen marido y dote.
Sin embargo, pronto su padre comenzó a desesperar puesto que pese a que su hija aprendía mucho y demostraba una gran educación y cortesía, se negaba en rotundo a hablar de matrimonios concertados, negándose a aceptar tener que casarse por obligación con alguien elegido para ella.
Mientras intentaban convencerla para convertirse en una esposa para la corte, ella observaba como instruían a su hermano en las artes del combate. Y las imitaba por la noche, mientras debía estar dormida, cuando nadie miraba.
Cuando alcanzó la edad de 12 años, llegó el momento que su padre esperaba y ella temía: se concertó su matrimonio con un muchacho tres años mayor que ella, primogénito de una buena familia.
La tristeza embargó el corazón de la muchacha, que pasó varios días inmersa en una profunda depresión. Ni siquiera se inmutó cuando la anunciaron que en dos días recibiría la visita de su prometido y su futuro suegro. Ella no reaccionó, ya convencida de la inevitabilidad de su destino.
Y aún hoy, Mengshi Fu no sabe cómo ni cuando se marchó. Recuerda estar prácticamente ensimismada, pensando en el funesto destino que la esperaba, cuando vio un gato en el jardín. Se acercó a él, pues la encantan los gatos, pero éste la rehuyó. Lo siguió, acelerando el paso y con movimientos rápidos fruto de su entrenamiento, pero cada vez que se acercaba a él, el gato huía evadiendo el contacto con ella. Finalmente, lo atrapó, o más bien, se dejó atrapar.
Y fue en ese momento, cuando se levantó con el gato en brazos, manso como no se podía imaginar unos instantes antes en medio de la persecución, que se dio cuenta que estaba en la puerta de su casa. Vio la puerta abierta, la calle abriéndose frente a ella, un futuro libre y descubierto. Miró atrás, y sólo vio una jaula, una jaula de la que deseaba salir, que la hacía sentir constreñida y para la cual tenía un nuevo grillete, el matrimonio. Así, sin pensar en ello, sin saber que estaba haciendo, sin saber como iba a sobrevivir, y sin soltar al gato que ahora ronroneaba en su pecho, salió corriendo.
Los siguientes meses fueron terribles, pues tuvo que subsistir en la calle como pudo, mendigando, robando y huyendo. Hubo momentos en los que pensó que la llegaba el fin, o que la iban a atrapar y ajusticiar, o que iba a morir de hambre o enfermedad. Pero siempre, en todo momento, cuando más lo necesitaba, escuchaba un suave ronroneo y un ligero mordisquillo en el tobillo, y muchas veces fue este cariño, este calor, los que le ayudaron a seguir adelante.
En su ciudad natal ya era de sobra conocida como una ladrona y mendiga callejera, aunque gracias a la suciedad que inicialmente enmascaró su procedencia de buena familia, y el hambre que enseguida hizo que su aspecto no fuera nada bueno, evitaron que fuera reconocida como hija de un noble local. Sin embargo, una grave crisis agraria provocó un terrible aumento de la criminalidad en su ciudad natal que, unido a un conflicto militar con otra urbe por un insulto a sus gobernantes, hundió en la miseria a muchos ciudadanos y provocó un repunte de la criminalidad y la picaresca. Y fue en esta situación que el gobernador de la ciudad, decidió tomar cartas en el asunto impulsando medidas de ajusticiamiento draconianas, empezando por los pícaros, ladrones y mendigos más conocidos.
Así que tuvo que marcharse a otra ciudad. El viaje fue duro, en plena temporada de lluvias, y enfermó por el camino. Afortunadamente, por su cara bonita en el camino una familia se apiadó de ella, cuidándola un par de días hasta que mejoró, y pudo seguir su camino. Siempre acompañada de su fiel felino, completó su viaje hasta una nueva ciudad, la cual observó inicialmente desde el exterior, sin entrar, hasta que reunió el valor suficiente para atravesar el pórtico que daba entrada a la ciudad.
Cuando llegó a la ciudad estaba sin comida, sin dinero, y desfallecida. El hambre, el cansancio y la desesperación son malos consejeros, y los primeros días en una ciudad desconocida era muy duros. Luchó contra las ideas de esos peligrosos guías, pero llegó un momento en que se impusieron, y la muchacha robó a quien no debía.
Vio a un ciudadano bien vestido, al cual se le cayó una bolsa en el mercado al suelo y nadie se dio cuenta, y se le ocurrió la lógica idea de que rodeada como estaba en el mercado, nadie se daría cuenta de quien la había recogido del suelo. Su cabeza la decía que la dejara, que no la recogiera, que no sabía quien era, que no podía arriesgarse...pero el hambre y la debilidad provocan reacciones inadecuadas. Y se la llevó.
Cogió la bolsa, y se escabulló. Pero tuvo la mala suerte que el hombre ya se había dado cuenta de su ausencia, y avisado a los guardias que le escoltaban. Uno de ellos la vio llevársela, y comenzó la persecución. Pese a que no conocía la zona, consiguió escabullirse entre callejones y puertas traseras abiertas oportunamente. Salió de una tienda en la que había entrado por una puerta lateral, ignorando los gritos de su propietario. Salió con tanta rapidez que no pudo evitar chocar con una mujer que se cruzó en su trayectoria.
La mujer la miró, entre incrédula y molesta, por un momento. Entonces, su vista se desplazó hasta la bolsa, y su cara cambió a una fuerte preocupación. Agarró a Mengshi Fu y se la llevó arrastrándola del brazo hasta un callejón, en el que la despojó de la peligrosa bolsa. Mengshi Fu no pudo sino empezar a gritar:
- ¡Dámelo! ¡Necesito comer, necesito comprar comida, necesito dormir en algún sitio!
- ¡Cállate mocosa! No sabes lo que has hecho, ni donde te has metido. Da gracias que no te han cogido todavía ellos, porque entonces lo que te preocuparía no tendría nada que ver con la comida. Más bien con tus manos, tus ojos o tu cuello...
Mengshi Fu entendió entonces que había cometido un error al coger la bolsa, aunque no sabía cual, y que además había tenido mala suerte.
- Este símbolo es de la familia Zui, que son los cabecillas de la tríada de la región. Te estarán buscando para darte un escarmiento...
-¡Exactamente! - Sonó una voz en la entrada del callejón. Un hombre con ropa turquesa y una espada curva desenvainada estaba en la entrada del callejón, con otros tres flanqueándolo.- Si permitimos que una pequeña mocosa se lleve el dinero de nuestro señor, ¿que credibilidad tendremos? Dadnos la bolsa ahora, y nuestro señor será misericordioso. Os matará, sí, pues debe dar ejemplo, pero será rápido, y no muy doloroso.
- ¿Matarnos? ¿A una mujer y una niña? Credibilidad no se la que obtendréis, pero respeto supongo que poco. Tomad la bolsa y dejadnos marchar. - La mujer lanzó la bolsa tranquilamente al hombre del callejón, que la cogió al vuelo y comenzó a reírse.
- ¿Y ya está? ¿Crees que esto es suficiente? Mi señor debe demostrar que no importa quien le robe, niño o anciano, hombre o mujer. El castigo es el mismo para todos, y es el que dicta la ley...
Sin llegar a completar la frase, la mujer atacó. Mengshi Fu no se había dado cuenta hasta ahora, pero la mujer portaba una vara de la que llevaba colgado un atillo. Soltó el atillo y se lo lanzó a las manos a ella, y luego golpeo con el extremo de la vara la nariz del hombre. Sonó un crujido y un ruido ahogado, y el hombre se desplomó.
Uno de sus compañeros que le había acompañado se lanzó hacia adelante y atacó con un golpe vertical. La mujer esquivó con la velocidad de una centella, dando dos pasos atrás. Golpeo con la vara la mano de su rival, luego la barbilla con un golpe ascendente que levantó el rostro de su rival hacia el cielo. Pero no fue eso lo último que el desdichado, pues con el siguiente movimiento la mujer hizo un giro con la vara, un cambio de peso y le golpeó con la vara directamente en la cara. El segundo atacante también se desplomó, al igual que el ánimo de sus enemigos, que salieron corriendo.
- ¡Rápido, niña, coge la bolsa! Si me han querido matar, quiero que sea con razón.
Y así, Mengshi Fu conoció a la que se convertiría en su maestra, Mengshi Po. Resultó ser una mujer dura, firme y extremadamente fuerte, pero con un corazón dulce. Se apiadó de Mengshi Fu, y la adoptó como la hija que nunca tuvo, dándole su nombre. La adiestró en las artes del combate, y la llevó consigo mientras se ganaba la vida como guerrera, ganando fama y reputación, tanto por su habilidad como por una estricta adherencia a su palabra, costumbre inspirada por su shifu. La enseñó tanto el arte de la espada y como de combatir desarmada.
Y todo ello, sin descuidar por supuesto, el hecho de que son mujeres y como mujeres deben comportarse. La enseño a ser femenina, a ser mujer, las artes de la seducción, a vestirse y comportarse como una mujer. Y sobre todo, a no dejarse avasallar, sólo por haber nacido mujer.
Finalmente, su reputación llegó a extenderse tanto que Wú Xíng, noble de la comarca de Jinzhong la invitó a una entrevista personal.
Cuando Mengshi Fu compartió está noticia con su shifu, esta la contestó: “No creas que has llegado al final del camino, ni al final de tu aprendizaje. A partir de hoy, si Wú Xíng te acepta como su servidora, empezará el verdadero aprendizaje, y las verdaderas pruebas”.
Mengshi Fu se marchó, contenta, dispuesta para iniciar su nueva andadura.

4.1.1.2.- Personalidad e interpretación
Mengshi Fu es una mujer decidida y vigorosa, a la que no la gusta que la digan lo que debe o no debe hacer, lo que está o no correcto y, sobre todo, no la gusta que la condicionen por el hecho de ser mujer.
Siempre está dispuesta a demostrar aquello de lo que es capaz, a demostrar que un hombre no es más que ella por razón de género, y es fácilmente susceptible al respecto.
Tiene aversión al romance, un fuerte y arraigado desagrado al romanticismo, y reacciona de forma exagerada ante cualquier insinuación o proposición. Esta aversión está causada por el compromiso de matrimonio forzado que tuvo en el pasado.
Es una mujer de temperamento rápido, fácil de provocar y bastante impetuosa. Igual de rápida es dar confianza a las personas que se portan correctamente por ella.
Además, tiene una total adherencia a su palabra y el compromiso dado, costumbre enseñada por su shifu y que ha instaurado profundamente en sus costumbres.
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Muchas gracias a todos por vuestra atención!
Cualquier comentario que queráis hacer, será siempre bienvenido.
Alejandro
Fundador de RolHypnos

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