viernes, 25 de junio de 2010

Xian Mao, Lanza Virtuosa

Xian Mao es miembro de la guardia personal de Wu Xing, heredero del señor de la prefectura de Jinzhong en la periferia del Imperio Chino de la dinastía Han.
Ese era el destino que tenía marcado desde que nació. la familia de Xian Mao es una de las familias nobles más importantes de la prefectura Jinzhong, una familia que siempre ha destacado por sus servicios militares y, más particularmente, como escoltas de los señores de Jinzhong.
Xian Mao fue el primogénito de la familia, y por tanto, heredó el deber sagrado de la familia de entrenar para ser parte de la escolta de su señor, un guardaespaldas obediente y efectivo. Tuvo que aceptarlo cuando todavía ni siquiera sabía lo que eso significaba, cuando todavía pensaba que era un juego.
Xian Mao acababa de cumplir seis años cuando su destino llegó hasta él. Su padre le presentó al que sería su instructor, un hombre mayor llamado Zhou. Zhou había pasado sus años de juventud y lucha, pero era muy querido por su padre por la gran experiencia y sabiduría que había acumulado. Además, como le dijo, y le demostró, al propio Xian Mao: “Para entrenar a un niño como tú, no me hace falta ensuciarme la ropa”.

Durante los siguientes años, Xian Mao fue entrenado duramente día tras día.
Por la mañana, Zhou lo sometía a un estricto y riguroso entrenamiento físico, realizando ejercicios para desarrollar su elasticidad, velocidad y fortaleza, desarrollando su cuerpo. También le iniciaba en las formas básicas del combate, educándole tanto en distintos estilos de combate sin armas, como en las “cuatro grandes” armas de los estilos de combate: lanza, espada, sable y vara.
Era sumamente duro con él, le obligaba a levantarse con el primer rayo de sol y no le permitía parar hasta que apenas podía tenerse en pie. Y era en ese momento en el que Zhou le sometía al último ejercicio: combatía contra él. Ni que decir tiene que Xian Mao tardó años en poderse medir con Zhou en igualdad de condiciones, pero sus progresos eran impresionantes, a grandes saltos. Una vez, Xian Mao le preguntó por qué era tan duro con él, y Zhou le respondió: “Si quieres una buena cosecha, siembra cuando la tierra esté blanda. Mil golpes en el entrenamiento son un precio bajo, si ese entrenamiento te salva la vida dentro de 10 años; a tí o a tu señor”.
Esta frase se grabó a fuego en la mente de Xian Mao, que a partir de entonces siguió entrenando con renovadas energías y ánimo.

Pero no fue el único adiestramiento al que era sometido. Después de acabar el entrenamiento físico por las mañanas, Xian Mao se bañaba y comía. La comida era parte también del adiestramiento: la cantidad de alimento que Xian Mao tenía a su disposición siempre era proporcional al esfuerzo y rendimiento que había mostrado en el entrenamiento. Su maestro decía: “Así como el campesino que labra la tierra, cuanto mejor la labra más obtiene, así obtendrás tú en función de lo que trabajes tus artes”.
Y no sólo la cantidad, utilizada como estímulo para fomentar el esfuerzo de Xian Mao, si no la calidad, ya que Zhou controlaba estrictamente lo que comía, ya que según él la alimentación es importante para el adecuado desarrollo del cuerpo, y más en la juventud. Por tanto, ordenaba estrictamente las comidas, los ingredientes y la dieta, no permitiéndole mezclar ciertos alimentos, y limitando el consumo de otros.
Todo esto, además, se lo explicó y le transmitió sus conocimientos sobre alimentación, ya que algún día no estaría para controlarle la comida, y ese día tendría que saber el mismo lo que necesitaba comer para mantener en equilibrio su cuerpo y su energía.

Todas las tardes, después, comenzaba el adiestramiento mental. Zhou obligaba a Xian Mao a desarrollarse mentalmente, ya que consideraba que un guerrero cuya mente no estaba adecuadamente desarrollada, era una persona tan débil como cualquier otra, lo que expresaba diciendo: “un vaso lleno de agua es inútil, si el agua que contiene está corrupta y no se puede beber. Tu cuerpo es el vaso, tu mente es el agua”.
Zhou obligaba a Xian Mao a leer libros de historia, poesía, filosofía y arte, así como adiestrarse en otras artes tales como la música, religión, acupuntura, etc...

Y sobre todo, Zhou se preocupó de inculcarle valores. Le hizo entender que una espada es un arma, ni más ni menos, ni buena ni mala. Que es la mano que la esgrime la que debe tener en cuenta la moralidad, y su propósito; que un guerrero sin propósito no es más que un caballo desbocado y, sobre todo, que la línea que separa un asesino de un guerrero, es muy fina.
Y fue por ello que le instruyó en los cinco textos clásicos del confucianismo, los Liu Ching. Zhou pretendía convertir a Xian Mao en un Junzi, un hombre superior. Lo formó para ser un hombre equilibrado, justo y generoso, un ejemplo para otros hombres, un digno vasallo de un noble señor.

Y lo consiguió.
Xian Mao se convirtió en un buen hombre, justo y generoso, un ejemplo a seguir. Entró al servicio de Wu Xing con apenas 14 años como un soldado, y destacó casi inmediatamente. A los 16 años ya era líder de su escuadrón, y su ejemplo le dio un nuevo ímpetu y arrojo, haciéndolo destacar sobre los demás. Al poco tiempo de cumplir los 19 ya era miembro de la escolta del heredero Wu Xing, y poco después fue elegido personalmente por él para formar parte de la unidad que el heredero tenía al mando.
Fue después de una misión, en la cual tuvo que escoltar a la que se dice que será la esposa del joven señor, Wu Xing. En esta misión tenían que recoger y escoltar a la hija mayor del señor de la prefectura vecina Linfen hasta la capital de la prefectura de Jinzhong. Intencionadamente pasaban a través de un bosque en el cual era muy fácil tender una emboscada, se convino y se pagó a los lugareños de los alrededores para que dijeran que había pasado por allí el convoy.
Sin embargo, tristemente se descubrió poco después que había un traidor entre los siervos del señor de Linfen, cuyo nombre ha sido borrado de los registros para salvaguardar el honor de su familia, muy querida por su señor, puesto que se descubrió la estratagema: llegaron informes de que cuando el convoy tenía que atravesar el bosque en el viaje de recogida de la dama Gao Se, efectivamente personas sospechosas habían merodeado en torno al bosque, y hecho preguntas.
El convoy partió de vuelta a Jinzhong transportando a la dama Gao Se, por otra ruta distinta de la que habían tomado en el viaje para su recogida, y distinto a su vez de la ruta que se suponía seguirían a través del bosque. Y eso fue lo que aprovechó el traidor, uno de los guardias personales de Gao Se que lleno de celos había decidido secuestrarla contratando a un numeroso grupo de mercenarios, engañándoles y no avisándoles de los rivales a los que se iban a enfrentar para que le fuera más fácil conseguir que aceptaran. Les había prometido todas las riquezas que pudieran saquear del convoy y de los cadáveres de los soldados que derrotaran, aunque tenía intención de matar a los pocos supervivientes que hubiera del combate.
Sin embargo, el plan le salió mal, puesto que Xian Mao estaba especializado en el combate con lanza, manteniendo alejados a sus rivales del carromato de la dama, y permitiendo que sus compañeros abatieran a los mercenarios. Los mercenarios fueron cayendo poco a poco y, por miedo a que le descubrieran pues no se había molestado en ocultar su identidad a los mercenarios ya que iba a matarlos cuando todo terminara, optó por una medida desesperada: fingió una herida grave, y sus compañeros le separaron de la primera línea del combate. Tras esto, se acercó a la dama, la tapó la boca, la sujetó con fuerza y salió corriendo, esperando que no les diera tiempo a sus compañeros a darse cuenta de lo que estaba pasando y perseguirle mientras corría.
Nuevamente, le salió mal. Xian Mao sintió algo extraño, y miró hacia atrás, viendo la escena. Sin dudarlo un momento giró, y arrojó su lanza contra el traidor matándolo en el acto pero, casi al mismo tiempo, los bandidos aprovechaban la ocasión para herirle varias veces, pues le vieron vulnerable y estaba siendo el puntal de la defensa del convoy. Xian Mao cayó herido, y no supo nada más del combate.
Cuando despertó, estaba en una habitación que no conocía. Le atendía un médico, que habló un poco con él y se ausento. Cuando volvió, estaba acompañado de su señor, Wu Xing, que le informó del resultado de la misión: "Gracias a tu sacrificio, ese traidor no pudo secuestrar a la dama Gao Se, trayendo el deshonor a mí y mi padre. Me has servido fielmente, y quiero recompensarte. A partir de hoy, serás parte de mi escolta personal privada".
Xian Mao sabía que no debía, pero no pudo evitar sonreír.
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