viernes, 7 de mayo de 2010

Mengshi Fu, la doncella guerrera

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Mengshi Fu es una mujer en un mundo tradicionalmente atribuido y dominado por hombres: la guerra y la lucha.
Proviene de una familia noble desaparecida de las afueras del Imperio. En su infancia, fue criada por su padre para ser una doncella de la corte, casarla con un hombre y conseguir un buen marido y dote. Su padre no sabía que hacer, puesto que pese a que su hija aprendía mucho y demostraba una gran educación y cortesía, se negaba en rotundo a hablar de matrimonios concertados, negándose a aceptar tener que casarse por obligación con alguien elegido para ella.
Mientras intentaban convencerla para convertirse en una esposa para la corte, ella observaba como instruían a su hermano en las artes del combate. Y las imitaba por la noche, mientras debía estar dormida.
Cuando alcanzó la edad de 12 años, llegó el momento que su padre esperaba y ella temía: se concertó su matrimonio con un muchacho tres años mayor que ella, primogénito de una buena familia.
La tristeza embargó el corazón de la muchacha, que pasó varios días inmersa en una profunda depresión. Ni siquiera se inmutó cuando la anunciaron que en dos días recibiría la visita de su prometido y su futuro suegro. Ella no reaccionó, ya convencida de la inevitabilidad de su destino.
Y aún hoy, Mengshi Fu no sabe cómo ni cuando se marchó. Recuerda estar prácticamente ensimismada, pensando en el funesto destino que la esperaba, cuando vio un gato en el jardín. Se acercó a él, pues la encantan los gatos, pero éste la rehuyó. Lo siguió, y cada vez que se acercaba a él la rehuía. Finalmente, lo atrapó, o más bien, se dejó atrapar. Y fue en ese momento, cuando se levanto con el gato en brazos, que se dio cuenta que estaba en la puerta de su casa. Vio la puerta abierta, la calle abriéndose frente a ella, un futuro libre y descubierto. Miro atrás, y sólo vio una jaula, de la que deseaba salir. Y lo hizo.
Los siguientes meses fueron terribles, pues tuvo que subsistir en la calle como pudo, mendigando robando y huyendo. Hubo momentos en los que pensó que la llegaba el fin, que pensaba que la iban a atrapar y castigarla, o que se iba a morir de hambre o enfermedad. Pero no fue así, y siguió saliendo adelante.
Hasta que robó a quien no debía. En su ciudad natal ya era de sobra conocida como una ladrona y mendiga callejera (aunque la suciedad y el hambre hacían que no la reconocieran como hija de un noble local) así que tuvo que marcharse a otra ciudad puesto que el gobernador de la ciudad se había propuesto limpiarla de ladrones y mendigos. El viaje fue duro, en plena temporada de lluvias, y enfermó por el camino. Cuando llegó a la ciudad vecina estaba sin comida, sin dinero, y desfallecida.
Así que, cuando vio a un ciudadano bien vestido, al cual se le caía una bolsa en el mercado al suelo y nadie se daba cuenta,no pudo hacer otra cosa más que recoger la bolsa. Su cabeza la decía que no debía hacerlo, que no sabía quien era, que no podía arriesgarse...pero el hambre y la debilidad provocan reacciones inadecuadas. Y lo hizó.
Cogió la bolsa, y se escabulló. Pero tuvo la mala suerte que el hombre ya se había dado cuenta de su ausencia, y avisado a los guardias que le escoltaban. Y uno de ellos la vio llevarse la bolsa, y comenzaron a perseguirla. Pese a que no conocía la zona, consiguió escabullirse entre callejones y puertas traseras abiertas. Salió de una tienda en la que había entrado por una puerta lateral, ignorando los gritos de su propietario. Salió con tanta rapidez que no pudo evitar chocar con una mujer que caminaba por la calle.
La mujer la miró, entre incrédula y molesta, por un momento. Entonces, su vista se desplazó hasta la bolsa, y su cara cambió a una fuerte preocupación. Agarró a Meng Shi Fu y se la llevó a rastras hasta un callejón, y en él la quitó la bolsa. Meng Shi Fu no pudo sino empezar a gritarla:
- ¡Dámelo!¡Necesito comer, necesito comprar comida, necesito dormir en algún sitio!
- ¡Cállate mocosa! No sabes lo que has hecho, ni donde te has metido. Da gracias que no te han cogido todavía ellos, porque entonces lo que te preocuparía no tendría nada que ver con la comida. Más bien con tus manos, tus ojos o tu cuello...
Meng Shi Fu entendió entonces que había cometido un error al coger la bolsa y, además, tenido mala suerte.
Este símbolo es de la familia Zui, que son los cabecillas de la tráada de la región. Te estarán buscando para darte un escarmiento...
-¡Exactamente! - Sonó una voz en la entrada del callejón. Un hombre con ropa turquesa y una espada curva desenvainada estaba en la entrada del callejón, con otros tres flanqueándolo.- Si permitimos que una pequeña mocosa se lleve el dinero de nuestro señor, ¿que credibilidad tendremos? Dadnos la bolsa ahora, y nuestro señor será misericordioso. Os matará, sí, pues debe dar ejemplo, pero será rápido.
- ¿Matarnos?¿A una mujer y una niña? Credibilidad no se la que obtendreis, pero respeto supongo que poco. Tomad la bolsa y dejadnos marchar. - La mujer lanzó la bolsa tranquilamente al hombre del callejón, que la cogió al vuelo y comenzó a reirse.
- ¿Y ya está?¿Crees que esto es suficiente? Mi señor debe demostrar que no importa quien le robe, niño o anciano, hombre o mujer. El castigo es el mismo para todos, y es el que dicta la ley...
Sin llegar a completar la frase, la mujer atacó. Mengshi Fu no se había dado cuenta hasta ahora, pero la mujer portaba una vara de la que llevaba colgado un atillo. Soltó el atillo y se lo lanzó a las manos a ella, y luego golpeo con el extremo de la vara la nariz del hombre. Sonó un crujido y un ruido ahogado, y el hombre se desplomó.
Uno de los hombres que le había acompañado se lanzó hacia adelante y atacó con un golpe vertical. La mujer esquivó gracilmente dando dos pasos atrás. Golpeo con la vara la mano de su rival, luego la barbilla con un golpe ascendente que levantó el rostro de su rival hacia el cielo. Pero no fue eso lo que vio su rival, pues el siguiente movimiento de la mujer fue un giro con la vara, un cambio de peso y un golpe vertical directamente en la cara. El segundo atacante también se desplomó, al igual que el ánimo de sus enemigos, que salieron corriendo.
- ¡Rápido, niña, coge la bolsa! Si me han querido matar, quiero que sea con razón.
Y así, Meng Shi Fu conoció a la que se convertiría en su maestra, Mengshi Po. Resultó ser una mujer dura, firme y extremadamente fuerte, pero con un corazón dulce. Se apiadó de Meng Shi Fu, y la adoptó como la hija que nunca tuvo, dándole su nombre. La adiestró en las artes de la lucha, y la llevó consigo mientras se ganaba la vida como guerrera, ganando fama y reputación,tanto por su habilidad como con una estricta adherencia a su palabra inspirada por su shifu. La enseñó tanto el arte de la espada y de combatir desarmada.
Y todo ello, sin descuidar por supuesto, el hecho de que son mujeres y como mujeres deben comportarse. La enseño a ser femenina, a ser mujer, las artes de la seducción, a vestirse y comportarse como una mujer. Y sobre todo, a no dejarse avasallar, sólo por haber nacido mujer.
Finalmente, su reputación llegó a extenderse tanto que Wu Xing, noble de la prefectura de Jinzhong la invitó a unierse a su guardia personal.
Cuando Meng Shi Fu compartió está noticia con su shifu, esta la contestó: “No creas que has llegado al final del camino, ni de tu aprendizaje. A partir de hoy, empieza el verdadero aprendizaje, y las verdaderas pruebas”.
Meng Shi Fu se marchó, contenta, dispuesta para iniciar su nueva andadura.
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